lunes, 31 de diciembre de 2018

LA FLOR DE ESTERCOLERO

En el jardín del Edén había un lugar en el que crecía una hermosa flor a la que nadie se acercaba por la fetidez de su abono. Alguna vez un hombre la tomó, la arrancó de su escatológico pedestal y la llevó a su hogar. La flor comenzó a desmoronarse, a marchitarse, pero aquel hombre ya la amaba y en su ensimismamiento terminó por devorarla. Esa flor maldita lo envenenó y sólo vivió para adorar a su diosa perfecta, al recuerdo que de ella había elaborado, porque la flor se marchitó. Ese hombre fue el que luego Caín mató para que no contagiara a los demás habitantes del Edén, pero el estercolero aún sigue allí y también las hermanas de aquella flor y aún hoy, muchos hombres se pelean por poseerlas.

ROTUNDAMENTE

Se asocia al principio de la cultura a la vez, remota debió ser, en que un hombre no respondió al venablo de su enemigo con otro venablo sino con un diálogo, haya sido este a tono de diatriba o no; lo que resulta claro y rotundo es que, si a nuestra voluntad estuviera la creación de la cultura, lo que haría falta hoy serían venablos para devolver.

AVANCE TECNOLÓGICO

El dios que ha tenido tantos defensores desde la fe, tiene hoy algunos defensores pseudocientíficos. Einstein por ejemplo, habló del dios al terminar de beber su copa de ciencia. Con las nuevas teorías, la mecánica cuántica y la mecánica ondulatoria de Schrödinger, a esos de la fe, les da por llamar dios a una onda que está en todas partes y atiende a todos; el alma libre de su masa (cuerpo) se vuelve onda y escapa del mundo terrenal... Definitivamente hay prodigiosas imaginaciones para redactar excelentes libros de ciencia ficción, pero a más que avancen con la explicación física de su dios hetéreo, otros grandes hombres que no genuflectan, hallan la manera de pisotearlo. Con dios de la mano no puede haber hombres libres.